En el corazón de muchas ciudades de Castilla y León, se desenvuelve una realidad que, aunque no siempre visible, es fundamental para el bienestar de miles de personas. Este mundo está compuesto por mujeres que, a menudo, llevan a cabo un trabajo silencioso pero impactante: el cuidado y la asistencia a las personas mayores. Su labor va más allá de lo físico, ya que son el soporte emocional y social que muchos necesitan para afrontar la rutina diaria. A continuación, exploraremos la imprescindible labor de estas mujeres y las implicaciones sociales y económicas que su trabajo conlleva.
El papel vital de las cuidadoras en la sociedad
Cuando observamos a mujeres latinoamericanas, magrebíes y de diversas nacionalidades acompañando a personas mayores en nuestras calles, nos encontramos ante un reflejo de la realidad demográfica y social actual. Estas mujeres no solo empujan sillas de ruedas o caminan junto a quienes necesitan apoyo, sino que se convierten en un pilar emocional y social en la vida de las personas que cuidan.
Su trabajo abarca múltiples facetas, incluyendo:
- Escuchar historias y compartir momentos cotidianos.
- Estar atentas a las necesidades médicas y alimentarias.
- Ofrecer compañía y reducir la sensación de soledad.
En definitiva, contribuyen a sostener la vida diaria de miles de personas mayores y dependientes, creando un vínculo de confianza y afecto que es esencial en su cuidado.
La invisibilidad del trabajo de cuidadoras
A pesar de su importancia, el trabajo de estas mujeres rara vez recibe el reconocimiento que merece. Según el informe Trabajo Invisible y Cuerpos Rotos de Intermón Oxfam, España se posiciona como el país de la Unión Europea con la mayor concentración de trabajadoras del hogar y cuidados. En 2024, 565.718 personas estaban empleadas en este sector, de las cuales un abrumador 87,2% eran mujeres, y el 69% tenían nacionalidad extranjera o doble nacionalidad.
Este trabajo, aunque esencial, a menudo se desarrolla en condiciones precarias. Muchas trabajadoras se enfrentan a:
- Informalidad en los contratos laborales.
- Bajos salarios que no reflejan su esfuerzo y dedicación.
- Condiciones laborales que carecen de protección adecuada.
Desigualdades salariales y precariedad laboral
En Castilla y León, la situación se agrava. El informe del CES (2024) titulado La situación de la población inmigrante en Castilla y León, revela que el 86% de las mujeres inmigrantes se emplea en el sector servicios, destacando en el ámbito de los cuidados, la limpieza y la hostelería. La temporalidad y la precariedad son características predominantes en estos empleos.
La ganancia media anual de las personas extranjeras en la región es de 15.624 euros, en comparación con los 24.476 euros de aquellas nacidas en España. Esta brecha salarial se amplía aún más en el caso de las mujeres extranjeras, quienes se encuentran en una posición aún más desfavorable en el mercado laboral.
La importancia de reconocer el trabajo inmigrante
No solo las trabajadoras del hogar y los cuidados son esenciales; también las personas migrantes que laboran en la agricultura, la ganadería, la construcción y otros sectores vitales para nuestra economía. A menudo, sus contribuciones pasan desapercibidas hasta que, por alguna razón, dejan de estar disponibles.
El CES señala que la demografía de Castilla y León ha sido afectada por décadas de pérdida de población y envejecimiento, lo que ha llevado a un incremento en la necesidad de servicios y cuidados para una población envejecida. Sin embargo, esta situación se complica aún más con la actual despoblación, donde jóvenes altamente cualificados abandonan tanto áreas rurales como urbanas.
Desafíos en el discurso político sobre la inmigración
Recientemente, en el contexto político de Castilla y León, se ha introducido la noción de “prioridad nacional” por parte del nuevo Gobierno (PP-VOX). Aunque las medidas concretas aún están por definirse, el impacto del discurso sobre inmigración y recursos es significativo. Estos discursos pueden influir en cómo percibimos la realidad social.
Cuando se promueve la idea de que los recursos son limitados y que los inmigrantes son una carga, se distorsiona la percepción pública. Las verdaderas causas de los problemas sociales, como la falta de financiamiento en la sanidad y los servicios sociales, son desplazadas para centrar la atención en la inmigración como chivo expiatorio.
Construyendo narrativas que fomenten la convivencia
La forma en que definimos los problemas sociales afecta las soluciones que consideramos válidas. Un enfoque que enfatiza la competencia y la desconfianza hacia el otro solo perpetúa el miedo y la exclusión. En cambio, un discurso que promueva la convivencia y el reconocimiento de las aportaciones de las personas inmigrantes puede transformar nuestra sociedad.
La narrativa de que “los nuestros van primero” crea divisiones entre ciudadanos de primera y segunda categoría, lo que justifica desigualdades y restricciones en los derechos de algunos individuos.
La necesidad de un cambio de perspectiva
El rechazo hacia lo diferente no es algo innato; se aprende y se cultiva. Por ello, es crucial fomentar la empatía y el respeto hacia todas las personas, independientemente de su origen o cultura. La historia de España está marcada por la influencia de diversas culturas, y la integración y cooperación han sido fundamentales para nuestro desarrollo.
Renunciar a estos valores en favor de la exclusión solo debilita nuestra sociedad. En lugar de preguntarnos quién tiene prioridad, deberíamos centrarnos en cómo garantizar que los recursos se distribuyan de manera equitativa entre quienes los necesitan, sin distinción.
Las trabajadoras del hogar y de los cuidados son una parte esencial del tejido social y económico de Castilla y León. Por lo tanto, su reconocimiento y valoración son vitales para construir una comunidad más justa y equitativa.



