En el mundo de la hostelería, cada establecimiento tiene una historia única que lo define. La trayectoria de Bernardino Robles, conocido como Nardi, al frente del Café Bar El Olvido es un claro ejemplo de pasión, dedicación y la importancia de las relaciones humanas en el ámbito laboral. Tras casi cuatro décadas de servicio, Nardi se encuentra en la búsqueda de un legado que trascienda más allá de su negocio.
Los inicios de un sueño: del pequeño pueblo a la gran ciudad
Nardi, originario de San Cipriano del Condado, creció en un hogar donde su padre era barbero, lo que le permitió desde pequeño estar en contacto con gente de diversas historias. Su camino hacia la hostelería comenzó de forma casual, cuando, durante sus años de estudiante, ayudaba a su hermano en una marisquería y sidrería en Oviedo. Esta experiencia despertó en él un interés por el sector que lo llevaría a tomar decisiones cruciales en su vida.
En 1988, Nardi tomó un riesgo significativo al solicitar un crédito de cinco millones de pesetas para abrir El Olvido, a pesar de contar solo con 500 pesetas en su cuenta. Esta valentía y determinación fueron fundamentales en sus primeros años, cuando el bar se estableció en un barrio en expansión, el Polígono X, donde los trabajadores de la construcción se convirtieron en sus primeros clientes.
El impacto de la Movida y la evolución del bar
El Olvido no solo fue un bar; se convirtió en un punto de encuentro para la comunidad local. Durante la época de la Movida, un fenómeno cultural que transformó Madrid y otras ciudades españolas, Nardi también tuvo su parte en este movimiento. Trabajó en varios locales emblemáticos, como el Rock-Ola, donde conoció a figuras relevantes del mundo de la música y la cultura.
Al regresar a León, Nardi decidió que su futuro estaba en la hostelería, y así, El Olvido se convirtió en un bar que ofrecía no solo bebidas, sino un espacio donde las personas podían conectar. A lo largo de los años, sus clientes se transformaron en amigos, y muchos de ellos han seguido siendo fieles al establecimiento desde su apertura hace casi 38 años.
Un bar como segundo hogar
Con el paso del tiempo, Nardi ha creado un ambiente en el que la clientela no solo disfruta de las tapas clásicas como tortilla, empanada y callos, sino que también se siente parte de una gran familia. Este sentido de comunidad ha sido clave para el éxito de El Olvido, que ha sabido adaptarse a los cambios en su entorno y a las necesidades de sus clientes.
- Relaciones personales: Nardi conoce a sus clientes, sus historias, y comparte momentos de sus vidas, lo que ha potenciado un vínculo especial.
- Adaptabilidad: A pesar de los cambios en el barrio y la ciudad, El Olvido ha mantenido su esencia y ha sabido atraer a diferentes generaciones.
- Un bar inclusivo: Su filosofía siempre ha sido ofrecer un lugar donde todos se sientan bienvenidos y valorados.
Desafíos y aprendizajes en el camino
Como cualquier negocio, Nardi ha enfrentado desafíos significativos a lo largo de los años. Desde las crisis económicas hasta la reciente pandemia de COVID-19, cada obstáculo ha traído consigo lecciones valiosas. Durante la pandemia, la incertidumbre reinó y la adaptación a nuevas normativas fue crucial. La terraza del bar se convirtió en un salvavidas, permitiendo mantener cierta actividad cuando las restricciones cerraron los espacios interiores.
“La psicosis fue grande”, recuerda Nardi al reflexionar sobre esos momentos difíciles. Sin embargo, su optimismo y determinación lo llevaron a encontrar soluciones, siempre con la mirada puesta en el bienestar de su clientela.
La despedida y el legado de El Olvido
A medida que se acerca su jubilación, Nardi ha decidido traspasar El Olvido, buscando a alguien que comparta su pasión por la hostelería y el trato humano. “Lo mejor de este trabajo siempre ha sido el contacto con la gente y la libertad de ser tu propio jefe”, afirma. Este cierre no es solo una despedida, sino un paso hacia nuevas aventuras, como profundizar en sus estudios de chino o realizar ese viaje soñado a la India.
El futuro del bar aún está en el aire, y Nardi espera que quien tome las riendas lo haga con amor y dedicación. “Es fundamental que lo hagan por placer, no solo por el lucro”, enfatiza, recordando que el verdadero valor de su negocio radica en las experiencias compartidas a lo largo de los años.
Reflexiones sobre la hostelería y la vida comunitaria
Nardi representa a muchos hosteleros que, como él, han dedicado sus vidas a construir espacios donde las personas se reúnan, compartan y disfruten. Su historia es un recordatorio de que, en un mundo cada vez más digital, el trato humano y las conexiones auténticas son más importantes que nunca.
A medida que la comunidad de León se prepara para despedir a un referente, es esencial reflexionar sobre el impacto que los bares y restaurantes tienen en nuestras vidas. El Olvido no es solo un establecimiento; es un lugar donde se han tejido historias y relaciones que perdurarán en el tiempo.


