Aquel día, el 31 de marzo de 2025, no era un día cualquiera. La localidad asturiana de Cerredo despertaba en un frío helador, que más allá de las temperaturas, se sentía en el corazón de todos los que conocían la realidad de la minería. Un año después, el eco de esa mañana se siente aún más intenso, como una herida abierta en la memoria colectiva de una provincia.
A las ocho de la mañana, nueve hombres comenzaban su jornada en la mina, sin saber que ese sería el último día para cinco de ellos. Con el silencio que precede a lo trágico, se acomodaron en sus lugares, ajustaron los cascos y encendieron las lámparas. La voz de Ibán Radio Barciela resonaba en el ambiente, marcando un ritmo constante que pronto se tornaría en caos.
El día que cambió el destino de cinco familias
En la jornada laboral, los hombres descendieron a la galería del pozo, un lugar con una historia de abandono y peligro. A casi 800 metros de profundidad, en la “capa Z”, comenzaron a trabajar. Allí, coincidieron Amadeo Bernabé Castelao, Rubén Souto, David Álvarez, Jorge Carro e Ibán Radio, quienes tal vez presentían que el trabajo rutinario podía convertirse en una pesadilla.
Jorge, un hombre de familia, había compartido en varias ocasiones una inquietante frase: “Cualquier día va a pasar algo”. Hoy, esa advertencia resuena en las voces de sus seres queridos, convirtiéndose en un eco de dolor que no se olvida. La rutina laboral, demasiado familiar, se tornó trágica cuando la extracción de carbón se llevó a cabo sin la autorización necesaria, un hecho que se volvió habitual en la mina, donde la ilegalidad y la costumbre convivían en un mismo espacio.
La amenaza invisible: el grisú
El fin de semana previo a la tragedia, la mina había comenzado a acumular grisú, un gas altamente peligroso y mortal. Este gas, inodoro e invisible, se infiltró en el lugar, convirtiendo el ambiente de trabajo en una trampa mortal. Enrique Álvarez fue el primero en notarlo. Su grisómetro pitó, indicando que los niveles de oxígeno estaban por debajo del 18% y que el metano se estaba acumulando.
Su grito de advertencia fue en vano: “¡Adónde vais con tanto gas!” resonó sin respuesta. En cuestión de minutos, la tragedia se desató con una explosión que devastó la galería y cambió para siempre las vidas de muchos.
El momento de la catástrofe
La explosión fue repentina y devastadora. No hubo tiempo para reaccionar ni para escapar. La rutina se rompió en un instante, dejando a Sergio Fernández inconsciente y a Abel García atormentado, buscando respuestas sobre lo que había sucedido. La explosión se cobró la vida de cinco hombres, quienes quedaron atrapados en un horror indescriptible.
Las memorias de ese día son fragmentadas, llenas de fuego, humo y confusión. Se perdió la noción del tiempo y el espacio, y lo único que quedó fueron ecos de desesperación.
Datos clave sobre el accidente de Cerredo
Fecha: 31 de marzo de 2025
Hora: 08:00 horas (inicio de la jornada)
Lugar: Mina de Cerredo (Degaña, Asturias, limítrofe con León)
Víctimas: 5 trabajadores
– Amadeo Bernabé Castelao
– Rubén Souto
– David Álvarez
– Jorge Carro
– Ibán Radio Barciela
Supervivientes: 4 trabajadores
– Sergio Fernández
– Abel García
Distancia al siniestro: 800 metros desde la bocamina
Causa: Explosión por acumulación de grisú (metano)
Condiciones: Oxígeno por debajo de 18% y presencia de metano
El angustioso rescate en la galería
A las 10:55, llegó la Brigada de Salvamento, aunque el aviso era confuso y no anticipaba la gravedad del desastre. La escena en la bocamina ya indicaba que lo peor había sucedido. Ingresaron en fila, con sus detectores de gases alertando sobre la falta de oxígeno y adentrándose en un camino lleno de desesperación.
El hallazgo fue devastador. Dos mineros yacían juntos, sin vida, mientras que otros cuerpos también aparecieron, algunos mutilados. La tragedia se extendía en cada rincón de la galería, donde las herramientas de trabajo aún permanecían, como si el tiempo se hubiera detenido en medio del horror.
Un detalle crucial que emergió de la investigación fue la presencia de un detector de gases que estaba apagado, lo que podría haber marcado la diferencia entre la vida y la muerte para algunos de los hombres atrapados.
Cinco nombres, un duelo interminable
Las víctimas del trágico accidente no son solo nombres en una lista. Cada uno de ellos representaba una familia, una vida llena de sueños y esperanzas. Su ausencia se siente en cada rincón de las comunidades de Laciana y El Bierzo, donde el dolor persiste y la búsqueda de respuestas continúa.
Las preguntas sobre lo sucedido en la mina de Cerredo no han cesado: ¿cómo pudo ocurrir una tragedia de tal magnitud en un lugar donde la seguridad debería ser lo primordial?
Un año después: el eco del duelo y la búsqueda de justicia
Un año después de la tragedia, Cerredo sigue en silencio. La mina permanece cerrada, pero el duelo sigue vivo entre quienes perdieron a sus seres queridos. La investigación que ha seguido al accidente ha revelado una serie de irregularidades que apuntan a la falta de medidas de seguridad y a una actividad minera irregular.
Las familias, en su dolor, han clamado por justicia y piden que se esclarezcan las responsabilidades. En Villablino, Ponferrada y en cada hogar afectado, la memoria de los cinco hombres caídos pesa como una losa. El tiempo no ha aliviado su sufrimiento; al contrario, lo ha hecho más profundo.
El 31 de marzo de 2025, aunque ya ha pasado un año, sigue resonando en la memoria de quienes esperan que la justicia finalmente se haga presente en la mina.
La investigación: una búsqueda de responsabilidades
El proceso de investigación judicial y técnica sobre el accidente de Cerredo continúa un año después. Las primeras conclusiones de expertos y la Guardia Civil han coincidido en que la presencia de grisú en niveles peligrosos fue un factor crucial en la tragedia, sumado a la falta de condiciones adecuadas de seguridad.
Los testimonios de los supervivientes han sido vitales para desentrañar lo ocurrido. Abel García y Sergio Fernández han compartido sus experiencias, destacando la extracción de carbón sin permisos, lo que ha puesto en el centro de la discusión a la empresa responsable de la explotación.
También se han analizado las condiciones de los detectores de gas, que según algunos testimonios, no funcionaron adecuadamente. La advertencia de Enrique Álvarez sobre los niveles peligrosos de metano y oxígeno ha sido fundamental para entender el entorno de riesgo que los trabajadores enfrentaban.
A continuación, algunos de los puntos clave de la investigación:
- Presencia de grisú en niveles peligrosos.
- Condiciones de trabajo inseguras y extrañas.
- Testimonios de los supervivientes sobre la ilegalidad de las operaciones.
- Mal funcionamiento de detectores de gas.
- Altas concentraciones de monóxido de carbono tras la explosión.
La causa judicial sigue abierta, y las familias de los hombres fallecidos no se detendrán hasta que se esclarezcan las circunstancias que llevaron a esta tragedia, que muchos consideran “una tragedia anunciada”.


