InicioEl BierzoDescubre el impactante secreto detrás de la película de diez días de...

Descubre el impactante secreto detrás de la película de diez días de refugio en La Fontana que nadie quiere que sepas

El cine tiene el poder de contar historias que trascienden fronteras y conectan realidades diversas. Un ejemplo reciente de este fenómeno es la película comunitaria «Lo que no entra en cuadro», que ha surgido del segundo Refugio Artístico del Centro de Protección Internacional San Juan de Dios, ubicado en La Fontana. Este proyecto no solo destaca por su contenido audiovisual, sino también por el proceso creativo que involucra a una comunidad de más de 50 participantes, entre solicitantes de asilo, personas sin hogar y vecinos de Armunia.

La esencia de la película: más allá del resultado

La película «Lo que no entra en cuadro» se distingue por su enfoque en el proceso de creación, donde la inmersión del artista Marcos Roddie en la vida diaria del centro es fundamental. Según Roddie, «el proceso, diez días de interacción y aprendizaje compartido, es más importante que el resultado final». Esta propuesta busca ser un reflejo auténtico de la vida en el centro, permitiendo a los participantes explorar su creatividad y expresar sus historias individuales.

Ánxela Blanco, co-creadora y coordinadora del Refugio Creativo, subraya que esta iniciativa es una oportunidad para que los artistas y los miembros de la comunidad aprendan juntos sobre el cine, al mismo tiempo que imaginan nuevos espacios dentro de La Fontana. Se trata de un proyecto inclusivo que fomenta la convivencia y el diálogo entre culturas, creando un ambiente de «muros abiertos» donde se entrelazan experiencias y se desafían estereotipos.

Un proceso participativo lleno de historias

La creación de la película comenzó con una asamblea en la que una veintena de personas compartieron sus deseos y aspiraciones. Entre ellos se encontraba Montassar, un magrebí que participó en el programa Sin Hogar, quien decidió contar su historia. Ver a Montassar tomar la palabra y colaborar en el proceso fue una experiencia sorprendente tanto para él como para el equipo. Otro de los protagonistas fue Anthonella, una niña venezolana que, con apenas diez años, se involucró en diferentes roles, desde grabar sonido hasta entrevistar a su padre.

La participación de Maxim, un niño ucraniano, también destacó en el proyecto. A pesar de sus barreras iniciales, logró expresar su visión sobre la película que quería crear. Por su parte, Abdul, un refugiado de Guinea Konakry, compartió en francés el impacto que tuvo el proyecto en su vida: «El primer día se despertó la curiosidad por el cine, y cada encuentro me ha hecho sentir más listo para nuevas experiencias».

Un entorno diverso que alimenta la creatividad

Marcos Roddie, el cineasta detrás de esta producción, vivió en el centro durante el proceso de creación. «Era un lugar diverso, donde cada día traía nuevas experiencias», comentó. La película, que mezcla documental y ficción, captura la esencia de una «torre de Babel» donde coexisten 80 personas de diferentes nacionalidades, cada una con su propia historia.

Entre las escenas destacadas se incluye la llegada de nuevos residentes, una charla con la Policía Nacional y celebraciones locales, como el Carnaval. Estas experiencias reflejan no solo la vida cotidiana de los participantes, sino también la interacción con la comunidad circundante, promoviendo la integración y el entendimiento.

Además, la proyección de la película de cine mudo «El hombre de cien cabezas» de Georges Méliès, añade un toque de magia y nostalgia, mostrando cómo el cine puede ser una herramienta para conectar culturas y generar diálogos. La reacción de los niños ante las escenas cómicas de Méliès demuestra que, aunque los contextos sean diferentes, el humor y la creatividad son universales.

El impacto del proyecto en la comunidad

La producción de «Lo que no entra en cuadro» no solo ha servido como un medio de expresión artística, sino que también ha tenido un impacto significativo en la comunidad local. A medida que los participantes compartían sus historias, se fueron creando lazos que trascienden las diferencias culturales. Este tipo de proyectos muestra cómo el arte puede ser un vehículo para la inclusión y la empatía, permitiendo a los participantes y a los espectadores abrirse a nuevas perspectivas.

Además, muchos de los refugiados y solicitantes de asilo que participan en estos proyectos están encontrando un camino hacia la integración en el mercado laboral. Por ejemplo, muchos de ellos se están empleando en sectores como:

  • Hostelería
  • Cuidados personales
  • Construcción
  • Manufactura de productos alimentarios
  • Servicios de limpieza

Este impacto positivo no solo se limita a la esfera laboral, sino que también contribuye al desarrollo de una comunidad más cohesionada y diversa.

Convocatoria para el tercer Refugio Creativo

El éxito del segundo Refugio Creativo ha llevado al Centro de Protección Internacional San Juan de Dios a lanzar una convocatoria para su tercera edición, con el apoyo de la Fundación La Caixa. Este nuevo proyecto busca continuar el trabajo de integración y creación artística, ofreciendo:

  • Una ayuda económica de 1.650 euros para la residencia artística durante diez días.
  • Un apoyo adicional de 450 euros para gastos de desplazamiento.
  • Oportunidades para un máximo de cuatro artistas.

Ánxela Blanco ha resaltado que esta ayuda es esencial para consolidar el proyecto y mejorar las condiciones para los participantes. El programa busca ser «perdurable y replicable», con la intención de crear una Red de Alianzas que fortalezca el Refugio Creativo y sus objetivos.

ARTICULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -
Google search engine

noticias populares

comentarios recientes