La narrativa tiene el poder de trascender fronteras y conectar a las personas. Este es el caso de Paula Conde, una joven leonesa que, a sus 17 años, ha logrado combinar su pasión por contar historias con un impresionante rendimiento académico. Su viaje, lleno de desafíos y logros, refleja no solo su talento, sino también la importancia de las conexiones humanas a través de la escritura y el cine.
En un año marcado por la dualidad entre la preparación para la PAU y la participación en proyectos creativos, Paula ha demostrado que la vocación literaria puede coexistir con el éxito académico. Su historia es un ejemplo inspirador de cómo perseguir sueños y afrontar retos puede llevar a grandes recompensas.
Los inicios de una narradora
Desde que Paula aprendió a leer, supo que la literatura sería una parte fundamental de su vida. “No recuerdo una etapa de mi vida en la que no haya escrito”, comparte, reflejando su conexión íntima con las palabras.
Sus primeros relatos surgieron en un ambiente familiar propicio, donde su madre la guiaba en la creación de cuentos llenos de fantasía. A medida que crecía, la figura de su abuelo, un amante de los libros, y las charlas con su padre sobre literatura fueron cimentando su amor por la escritura. Estos momentos compartidos no solo alimentaron su creatividad, sino que también fortalecieron sus lazos familiares.
Hoy, Paula sigue escribiendo relatos y trabaja en una novela que espera concluir algún día. “Tengo claro que no voy a dejar de escribir nunca”, afirma con determinación. Este compromiso con la escritura es un testimonio de su pasión por contar historias que resuenen en las vidas de otros.
Una historia que toca el corazón
El reconocimiento llegó cuando Paula ganó el certamen nacional ‘Jero busca un prólogo’, un concurso que busca dar visibilidad a la lucha contra el bullying, promovido por el exboxeador Jero García. Este premio no solo validó su talento, sino que también le permitió abordar un tema relevante y necesario.
La inspiración para su relato llegó en un momento inesperado, cuando se encontraba en la incertidumbre creativa. Al recordar el sufrimiento de un amigo que había enfrentado el acoso escolar, Paula encontró el impulso necesario para escribir. “Lo escribí en 15 o 20 minutos. Cuando escribes con el corazón, las palabras brotan solas”, explica.
La historia que desarrolló se centra en el silencio de quienes son testigos del bullying. “Siempre se habla del acosador y del acosado, pero nunca de esa tercera persona que mira y no hace nada”, destaca. A través de su relato, Paula quiso transmitir un mensaje claro: “No hay que mirar hacia otro lado” y brindar esperanza a aquellos que sufren, recordando que siempre hay una forma de salir adelante.
La emoción de una llamada
El camino hacia la victoria fue un proceso emocionante. Paula fue seleccionada entre los mejores textos en varias etapas, lo que la llevó a sentir una mezcla de ansiedad y esperanza. “El día que me dijeron que era la ganadora estaba enferma y no pude ir a clase”, recuerda. Fue su profesora quien, emocionada, le dio la noticia. “A mi madre y a mí nos hizo muchísima ilusión”, añade.
Este reconocimiento no solo significó un triunfo personal, sino también un reflejo de su compromiso con una causa que merece mayor atención. “Me encanta que haya ganado precisamente este relato porque habla de un tema al que hay que dar mucha más visibilidad”, expresa Paula, reafirmando su deseo de utilizar su voz para generar un impacto positivo.
De la escritura a la actuación
La vida de Paula dio otro giro emocionante cuando se enteró de una audición para el cortometraje ‘Mamá tiene un sobre’. Aunque nunca había trabajado ante una cámara y solo tenía dos años de experiencia en teatro, decidió presentarse por curiosidad.
Después de un proceso de selección que incluyó una prueba grabada y un casting presencial en el Teatro San Francisco, Paula se sorprendió al recibir la noticia de que había sido elegida para interpretar a ‘Circe’. “Estaba con mis amigos cuando me dijeron que era la elegida. Fue superemocionante”, recuerda, destacando la mezcla de nervios y alegría que sintió en ese momento.
Un rodaje inolvidable
El cortometraje, dirigido por Amalia Baillo, presenta la historia de ‘Circe’, una joven que descubre un secreto familiar en su primera fiesta universitaria. Durante los cinco días de rodaje, Paula pudo experimentar el funcionamiento de una producción profesional de cerca. “Ha sido una experiencia inolvidable”, asegura.
Una de las cosas que más la impactó fue el ambiente colaborativo y acogedor del equipo, mayormente compuesto por jóvenes. “Todo el mundo me acogió superbien. Tanto el equipo técnico como los actores me trataron increíble”, dice con una sonrisa. Recuerda con especial cariño el último día de rodaje en una discoteca, donde, a pesar de la complejidad de la escena, se sintió plena y feliz.
A pesar de la proximidad de la PAU, Paula logró equilibrar sus compromisos, demostrando su capacidad de organización y dedicación. “No sabía cómo iba a organizarme, pero al final salió todo bien”, reflexiona, resaltando su determinación y perseverancia.
Perspectivas futuras
Con el inicio de la universidad a la vista, Paula se siente emocionada y un poco incierta. En septiembre comenzará a estudiar Derecho en la Universidad de León. Sin embargo, su futuro es un lienzo en blanco: “Voy un poco a la aventura. Haré Derecho y luego ya veré qué surge”, comenta.
Aunque no sabe con certeza dónde la llevará la vida, sí tiene claro que la escritura seguirá siendo una parte fundamental de su existencia. “Si surge la oportunidad, tampoco me importaría volver a ponerme delante de una cámara”, afirma, dejando entrever su deseo de seguir explorando el mundo del arte y la narración.
Paula Conde es un claro ejemplo de cómo la pasión y la dedicación pueden abrir puertas inesperadas. Desde su victoria en un certamen literario nacional hasta su debut en el cine, su historia es solo el comienzo de una prometedora carrera llena de relatos por contar y aventuras por vivir.



